Hacer Medicina es aprender un idioma
Joaquín Poch es el presidente de la RANM, analiza el
diccionario médico panhispánico, una obra en elaboración, que se presenta en
junio en Harvard para buscar apoyos en EEUU.
La Real Academia Nacional de Medicina (RANM), que preside
Joaquín Poch, está embarcada en un ambicioso y magno proyecto: la edición del
Diccionario panhispánico de términos médicos (DPTM), una obra, elaborada con la
Asociación Latinoamericana de Academias de Medicina (Alanam), que recogerá unos
80.000 términos médicos, con las variantes lingüísticas y de uso de cada país
hispanoablante.
Tomando como base el Diccionario de términos médicos, publicado
en 2011 por la RANM, el objetivo es que el DPTM esté listo en 2023. El 1 y 2 de
junio, la Academia organiza en la Universidad de Harvard un foro sobre el
español médico para presentar la obra a las instituciones norteamericanas y
ofrecerles la posiblidad de sumarse al proyecto.
PREGUNTA. Por volumen y objetivos, el DPTM pretende ser el
corpus lingüístico de la Medicina en español. ¿No es un objetivo excesivamente
ambicioso?
RESPUESTA. Ambicioso, pero muy necesario. Yo a veces lo
comparo con una ascensión al Himalaya, porque la concepción de fondo es que esto
no es sólo un diccionario, sino un libro de Medicina. Además de recoger el
lenguaje técnico, estrictamente médico, se debe mantener el espíritu del uso
común o habitual del castellano. Los lenguajes técnicos son bastante
universales en todos los idiomas, pero en Medicina, además del uso técnico,
está el que hace la gente a diario, porque a todo el mundo le duele algo alguna
vez y tiene necesidad de expresarlo. Eso implica que hay que estar muy atentos
a las variantes textuales de un país a otro.
P. ¿En qué fase están los trabajos de elaboración?
R. El trabajo oficial se inició en octubre de 2015, pero
teníamos ya un punto de partida fundamental: el diccionario de la RANM de 2011,
que reúne nada menos que 52.000 términos y que es la base del DPTM.
El calendario
prevé una primera fase de 5 años [hasta 2020], donde se elaborará una versión
digital de unos 65.000 vocablos, más el uso de cada uno de ellos en todos los
países, y una segunda fase, de otros 3 años, que alumbrará sendas ediciones,
digital e impresa, con 80.000 entradas. A estas alturas se ha revisado ya más
de un 25 por ciento de la base de datos que sirvió para elaborar el diccionario
de 2011.
P. ¿No son muy optimistas esos plazos para un proyecto de
tanta enjundia y que implica a tanta gente?
R. Creo que están ajustados a la realidad. Esta Academia
hizo un diccionario de nueva planta, partiendo de cero y con 52.000 términos
médicos, en ocho años.
P. Además de compleja, una obra así ha de ser especialmente
cara. ¿Qué respaldo económico tiene?
R. Muy cara. Sin el patrocinio de la industria privada
[fundaciones AMA, Iberdrola, Mapfre y Ramón Areces] sería inviable. En cuanto
al apoyo económico del Estado es pequeño y muy específico. Los acuerdos que
tenemos con la Real Academia Española (RAE) y el Instituto Cervantes son
institucionales, no lucrativos.
P. ¿Está más mentalizado el capital privado que el público
de la necesidad e importancia de esta obra?
R. No creo que sea un tema de mentalización o de
sensibilidad, sino que probablemente tiene que ver con las enormes
restricciones de gasto público en los últimos años. Además, el respaldo de
ministerios como los de Sanidad, Educación o Industria, es decidido.
P. El inglés es la lengua de comunicación científica y
médica por antonomasia ¿Hasta qué punto puede ayudar el DPTM a posicionar mejor
al español?
R. Actualmente hay más de 900.000 médicos y profesionales
biosanitarios que ejercen la Medicina y se comunican, entre sí y con sus
pacientes, en español. Además, en los países muy bilingües, como Estados
Unidos, tener redes léxicas muy amplias, que se adaptan al habla y al uso
idiomático de todos los países hispanoamericanos, ayudan a trasladar fielmente
la forma y el fondo de esa comunicación básica entre médico y paciente.
P. ¿Ese bilingüismo y la creciente presencia de
hispanoablantes son argumentos suficientes para convencer a Estados Unidos de
que se implique en la promoción y difusión del diccionario panhispánico?
R. Estados Unidos es uno de los países que más consulta la
edición digital del diccionario de la Academia, y muchas instituciones
norteamericanas se han interesado por el DPTM. Aun así, no podemos obviar que
ahora el país está en un momento de fuerte reivindicación del inglés. Es
curioso que, en algunos idiomas, son los propios inmigrantes los que se niegan
a utilizar su lengua vernácula, pero esto no se percibe en el caso del español,
por su pujanza en todos los ámbitos y el elevado número de hablantes.
P. ¿Deduzco de sus palabras que, pese a algunas
declaraciones de Trump, no percibe una cruzada contra el uso del español?
R. Desde luego, en el caso del lenguaje médico, no. De
hecho, todas las grandes instituciones sanitarias norteamericanas tienen su web
también en español; en todos los grandes hospitales hay interpretes de español,
y en las facultades de Medicina de universidades como Chicago u Ohio se dan
clases de español médico, a diferencia de lo que pasa aquí, donde no se estudia
específicamente terminología, sino que el alumno la asimila a medida que avanza
en la carrera. De hecho, se suele decir, y creo que es cierto, que la carrera
de Medicina es aprender un idioma:hay unos 4.000 ó 5.000 términos que son de
uso prácticamente corriente, y los entiendes o no.
